Archivos Mensuales: enero 2017

Final Fantasy XV: Una Fantasía Basada en La Realidad

Tras diez largos años de espera, Final Fantasy XV (antes conocido como Final Fantasy Versus XIII) vio la luz el pasado mes de noviembre. Fueron años complicados para los equipos de Tetsuya Nomura primero y de Hajime Tabata después; un desarrollo tortuoso, lleno de piedras en el camino y con Dios sabe cuántas ideas tiradas directamente a la basura.

La labor de Tabata desde que Versus XIII pasó a ser XV no fue otra que la de reciclar los restos del cadáver, y dar vida a un monstruo de Frankenstein al que, como era lógico, se le han acabado viendo las costuras. No por ello es Final Fantasy XV un título menos disfrutable; de hecho, he querido dedicarle muchas horas (más de 100 al momento de escribir estas líneas) y dejarlo reposar un tiempo antes de lanzarme a analizarlo en profundidad, y que me aspen si no he disfrutado de cada uno de sus minutos.

El retorno del rey

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Ardyn Izunia

Final Fantasy XV nos pone en la piel de Noctis Lucis Caelum, heredero del trono de Lucis, en un periplo por recuperar su reino, perdido a manos del Imperio de Niflheim. El planteamiento inicial del argumento de la obra de Square Enix es bastante directo, algo habitual en todos los Final Fantasy, pero el problema viene después. Sin entrar en detalles sobre la trama, Final Fantasy XV hace gala de un argumento sencillo y tópico, que sin embargo quedaría hasta resultón de no ser por sus graves fallos de exposición.

Es cierto que el juego trata de utilizar los recursos propios del medio para construir su coherencia interna, pero si el jugador es poco dado a la exploración de los entornos acabará perdiéndose eventos muy importantes de la trama, así como trasfondo sobre el lore de Eos, vital para comprender la línea argumental principal del título. Y el problema viene de lejos, porque los cimientos narrativos de Final Fantasy XV están fuera del propio videojuego; si no habéis visto Kingsglaive y Brotherhood os estáis perdiendo, literalmente, la mitad de la trama. Esta pérdida de información clave no resultaría tan grave de no ser porque, además de entorpecer el desarrollo argumental y el entendimiento de ciertos personajes, acaba afectando de manera negativa a las sensaciones que provoca el videojuego.

A diferencia de lo que ocurría con otras entregas de la saga, la historia no es el eje fundamental sobre el que pivota Final Fantasy XV. La obra de Hajime Tabata explora una vertiente mucho más intimista, y nos propone una suerte de road movie muy centrada en la interacción entre los cuatro protagonistas, con los que el jugador conectará rápidamente pese a esas personalidades arquetípicas directamente extraídas del shonen de turno de las que hacen gala. Como se suele decir, Final Fantasy XV es una historia de personajes, y como tal, la relación de amistad entre Noctis, Gladiolus, Ignis y Prompto es uno de los grandes aciertos del juego, sintiéndose natural en todo momento. De nuevo, se hace casi imprescindible haber visto la serie animada Brotherhood para apreciar los pequeños detalles que engrandecen al juego; cosas como las recetas de Ignis, la tierna relación entre Noctis e Iris o la actitud de Prompto frente a su giro argumental no terminan de comprenderse sin conocer el trasfondo de cada uno de ellos.

Y es que Final Fantasy XV construye unos personajes muy carismáticos, pero por algún extraño motivo acaba desaprovechándolos, bien al no darles la importancia que merecen (Ravus), bien al obviar por completo su desarrollo personal (Aranea). Es en el argumento y en los personajes donde más se nota el tijeretazo que Square Enix ha acabado imponiendo al desarrollo de esta entrega de la saga; recordemos que tras el anuncio del cambio de nombre la fecha de salida prevista era finales de 2014. No puedo evitar sentirme frustrado al comprobar que tras casi 10 años de pre-producción Final Fantasy XV no ha sido capaz de aportar un guión sólido y que aproveche su propio universo.

Aún con tantos fallos, se hace inevitable cogerle cariño a Noctis y compañía. Pese a que el drama principal del protagonista no termine de explotarse, pese a que las motivaciones de Ardyn no queden del todo claras, me resulta imposible no sonreír al recordar las primeras interacciones entre estos dos personajes (¡y su magnífico doblaje!), o al recordar a Iris entregándome el peluche de Moguri, o la expresión de Talcott al recibir el Cactilio de Altissia.  Igual que me resulta imposible contener las lágrimas al rememorar la última acampada antes de la batalla final, y es que después de 50 horas de aventuras con tus amigos, esa noche el silencio se hace ensordecedor.

Final Fantasy XV hace suyo el poema de Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar.” Por eso, en última instancia, uno se permite el lujo de pasar por alto los agujeros argumentales y las fallas en el desarrollo de personajes. Final Fantasy XV es una obra que habla sobre el viaje, y el viaje ha sido memorable.

Esto es Lucis

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Las Fauces de Ravatogh

En un plano formal, Final Fantasy XV es un action-RPG de corte japonés, con todo lo que eso implica. Por primera vez en la saga nos enfrentamos a un mundo abierto con un sistema de combate en tiempo real, con todo lo que eso implica. Está claro que Versus XIII fue concebido para romper esquemas, y Final Fantasy XV heredó ese propósito. Pero siendo justos, sólo ha roto los esquemas de la propia saga a la que pertenece, ya que si lo analizamos parte por parte hay títulos que lo superan individualmente en cada una de ellas. Ni los elementos de construcción del personaje son significativos, ni el tablero de habilidades está lo suficientemente especializado, ni el sistema de combate es lo bastante profundo, ni el mundo abierto está del todo aprovechado… Pero en conjunto, de algún modo, todo funciona.

El progreso, al margen de unas misiones principales que resultan insultantemente sencillas si se dedica un mínimo de tiempo a hacer misiones secundarias, se realiza de  forma muy natural. Si nos desviamos mínimamente para explorar el mapeado, encontraremos armas y potenciadores de sobra para cubrir nuestras necesidades. Además, si aceptamos batidas de caza con cierta frecuencia (algo que resulta sencillo teniendo en cuenta lo adictivas que resultan) y cumplimos algunos encargos, no nos quedaremos cortos de Guiles ni de experiencia nunca. Se ha criticado muy duramente el contenido de estas misiones secundarias, pero la propia estructura jugable del título ofrece lo que puede. Quizás, más que el fondo, y fijándonos en una obra maestra del género como es The Witcher 3, habría que criticar la forma, puesto que narrativamente estas misiones secundarias no aportan gran cosa en su mayoría, ni a la historia principal ni al lore de Eos, aunque hay que recalcar que se dan honrosas excepciones.

La decimoquinta entrega numerada de la saga Final Fantasy tampoco pretende engañar a nadie: el reto propuesto es sencillo, pero si nos empeñamos en complicarlo, nos encontraremos con serias dificultades. Desde el primer momento nos dejan claro que no es buena idea aventurarse en la oscuridad de la noche, y esto permanece vigente hasta el mismísimo final del juego, ya que no resulta agradable encontrarse con hordas de monstruos que te superan en 30 niveles. Los cadentes suelen tener unos patrones muy encorsetados, y generalmente no realizan ofensivas en grupos heterogéneos, algo que le daría un plus de estrategia a un sistema de combate que en estas circunstancias se reduce a machacar el botón de ataque hasta que el enemigo caiga, echando mano de tantas Pociones y Colas de Fénix como sean necesarias si el enemigo nos supera ampliamente en nivel.

Los combates que a priori deberían ser más intensos se acaban haciendo aburridos por la nula aplicación de la estrategia; por ejemplo, la amplia variedad de armas acaba reduciéndose a nuestras dos o tres favoritas cuando descubrimos que las resistencias de los enemigos convencionales consisten en que en vez de infligir 500 puntos de daño con un arma causamos 300 con otra, aunque es cierto que el título ofrece pinceladas de lo versátil que esto podría haber sido. Estas malas sensaciones se van disipando al afrontar desafíos como esa infame batalla de la Torre de Costlemark contra tres Volfragantes y una Naga, una insufrible batida de caza contra siete Avispas Asesinas, el desesperante enfrentamiento contra cuatro Tonberys  o la prueba de adiestramiento final contra tus tres compañeros.

Como podéis ver, los auténticos desafíos se encuentran más allá del final del juego. Hemos comentado que cada uno de los rasgos definitorios de Final Fantasy XV por separado no termina de brillar, pero es en el post game cuando somos conscientes de la importancia de todos y cada uno de ellos: explorar el inmenso reino de Lucis, equipar a cada uno de los personajes en función de sus habilidades y/o armas, así como dominar por completo el sistema de combate, son tareas vitales para sobrevivir a algunos de los encargos más complicados que propone el juego. Incluso cuando alcancemos el nivel 99 gozaremos de un amplio margen de mejora y de retos desafiantes.

Aquí mi espada, aquí mi pistola

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Pitioss

Curiosamente, algunos de los retos más difíciles y originales que ofrece Final Fantasy XV son totalmente ajenos a las mecánicas principales del título. El ejemplo más obvio es la magnífica mazmorra de Pitioss, un laberinto de 4 horas que es toda una oda a los juegos de plataformas clásicos, con un diseño exquisito y un planteamiento francamente desafiante, pero incluso algunas misiones de pesca pueden convertirse en toda una hazaña que ponga a prueba los nervios del más pintado.

 

Las mazmorras selladas son sin duda el exponente de dificultad de Final Fantasy XV, y sólo son accesibles tras haber explorado todo el mapa disponible y haber completado las doce mazmorras principales, incluyendo la mencionada Pitioss. Por poner sólo un par de ejemplos rápidos, una de estas mazmorras selladas nos enfrenta a 100 combates seguidos contra enemigos de alto nivel y molestas habilidades; otra nos propone un recorrido en el que no podremos utilizar objetos curativos, al tiempo que peleamos contra enemigos de un modesto  nivel 99. En este último caso, la única salvación que nos queda es utilizar magia curativa… Ah, ¿no sabías que había magias curativas?

Uno de los puntos positivos más destacables de Final Fantasy XV es la cantidad ingente de contenido que atesora. Pitioss es sólo uno de esos contenidos secretos, pero el tema de las magias y sus efectos al combinarlas con otros objetos o hechizos es toda una señal para detectar quién ha explorado a fondo las posibilidades que ofrece el sistema jugable y quien, por otra parte, ha decidido pasar de puntillas y quedarse en la superficie. ¿Sabías que al completar el minijuego Justice Monsters Five obtienes un objeto que, combinado con un hechizo, te proporciona cerca de 100 viales de una magia que rompe la barrera de daño? ¿Sabías que la barrera de daño también puede romperse con ciertas habilidades de tus compañeros? ¿Sabías que hay ciertos enemigos completamente invulnerables a los ataques físicos? ¿Sabías que Aranea puede aparecer durante un combate si se te complica demasiado? ¿Sabías que cuando combates con ciertos cadentes puede aparecer un Cactilio? ¿Sabías que si te quedas sin Colas de Fénix y mueres puedes invocar a Rubí para que te dé una última oportunidad?

Muchos de los fallos que se le critican a Final Fantasy XV radican de experiencias de juego pobres, en las que no se han explotado a fondo los recursos que el título pone sobre la mesa. Se criticó, por ejemplo, la poca frecuencia con la que aparece el comando para invocar, así como las intrincadísimas condiciones que han de darse para que esto suceda; en el fondo es tan sencillo como afrontar una batalla en la que el enemigo te iguala o te supera en nivel y te está dando una buena paliza. En todo este tiempo he podido disfrutar de no menos de dos invocaciones por día, y viendo lo rotas que están no me extraña que se limite su uso a lo meramente necesario. El modo en que se obtienen puede resultar decepcionante a nivel mecánico, pero no cabe duda de que las escenas que protagonizan Titan, Lamuh, Leviathan o Bahamut son uno de esos prodigios audiovisuales que se marcan a fuego en la retina.

El cenit de una generación

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Explorando el Lago Vesper con los Chocobos

El apartado técnico de Final Fantasy XV es de los que quitan el hipo, por no hablar del apartado artístico. Es el típico juego en el que no puedes evitar pararte a hacer fotos, aunque nuestro amigo Prompto ya se encarga de hacernos ese favor una vez al día (¡maravillosa idea y una locura a nivel de programación!). Los parajes que nos presentan Leide, Duscae y Cleigne, e incluso las más breves Altissia y Tenebrae, son de una belleza arrebatadora, y la música compuesta por Yoko Shimomura, quien firma una de las mejores bandas sonoras de su carrera, sólo las engrandece.

El trabajo de la compositora japonesa nos acompaña en cada paso que damos en Lucis, y se hace especialmente notable durante las batallas; así, enfrentarse a una manada de Dafoenos de nivel 2 se puede volver el evento más épico de la historia. Sin embargo, Shimomura ha sabido recoger el espíritu costumbrista que destila Final Fantasy XV, y nos brinda algunas piezas más terrenales, como los temas de Lestallum o el de los Chocobos, que contrastan con la grandilocuencia épica que demandan las batallas contra los Sidéreos.

¡No me puedo creer que aún no los hubiese mencionado! Montar en Chocobo es sin duda el medio de transporte más adecuado para explorar los confines de Eos, a pesar de que apoltronarse en el asiento trasero del Regalia mientras Ignis nos lleva volando (literalmente) a cualquier punto del mapa mientras disfrutamos de las vistas y de los temas clásicos de la saga resulta tentador. Nuestros Chocobos no sólo nos servirán como montura, ya que al ir subiendo de nivel adquirirán habilidades de combate de lo más útil, desde ataques sorpresa hasta potenciación de nuestras habilidades, pasando por huidas de emergencia. Estos plumíferos animalillos se hacen querer a lo largo de toda la aventura, y como canturrea Prompto de vez en cuando, ¡ojalá pudiéramos montarlos todo el día!

A lo largo del texto he hecho alguna mención a la localización y el doblaje del título, pero me gustaría pararme a comentar algunas de mis experiencias más llamativas. Prompto es un muchacho alegre, y no es extraño escucharle cantar la canción de los Chocobos o la clásica fanfarria de victoria al derrotar a un enemigo; además, no dudará en soltar un “¡Allévoy!” al prepararse para hacer una fotografía. Otra auto-referencia podemos encontrarla de forma más velada, en forma de bromas sobre la enorme cantidad de tiempo que son 10 años. Pero si por algo se lleva la palma el equipo de localización de España es por hacer que los nombres de todas las misiones secundarias rimen, por las referencias a películas de todos y cada uno de los Trofeos, por la referencia al plato León Come Gamba de Master Chef y por la referencia al escritor Ángel Sanchidrián cuando uno de los personajes suelta un “eso es lo que le da calidad a la película.” ¡Brillante!

A los que hoy descubren Final Fantasy

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Noctis invocando a Lamuh

Final Fantasy XV es un título inacabado; sí, todavía. Es un juego con un amplio margen de mejora, pero bastante es que haya llegado hasta aquí, aunque sea cubierto de cicatrices. La obra de Tabata es una base excepcionalmente sólida para seguir construyendo el futuro de una de las sagas más importantes de la industria. Final Fantasy XV será recordado con cariño por algunos, con aversión por otros, pero lo que está claro es que es un videojuego de los que dejan huella. Versus XIII nació para cambiarlo todo, y creo que XV lo ha conseguido… a medias. La saga va a arrastrar nuevos problemas si no asume los tropos del género en el que se está adentrando, pero si aprende de sus errores y potencia los aciertos (que son muchos y muy buenos), puede que llegue a la excelencia para la próxima entrega.

No os voy a negar que me encantaría ver una secuela, por eso estoy bastante receptivo con los DLC que estén por venir; sí, es una guarrada que se mutilen pedazos de la historia para venderlos por separado, pero me da la impresión de que de haber esperado a la versión del director no habríamos jugado a Final Fantasy XV ni en 2019. Sin embargo, ese espíritu perfeccionista de Nomura primero y de Tabata después puede servir para que se repita la historia de Final Fantasy XIV con A Realm Reborn. Yo, de momento, no tengo ningún tipo de prisa; tengo la impresión de que aún me quedan muchas horas en Eos, porque si algo consigue Final Fantasy XV con maestría es lo más básico para cualquier videojuego que se precie: engancha. Quizás no sepas ni cómo ni por qué, pero engancha, y por eso puedo decir que Final Fantasy XV es mi juego del año.

Reconozco que nunca he sido fan de los JRPG, ni de los turnos, ni por qué no decirlo, de la saga Final Fantasy. Entiendo, pues, que esta entrega me haya entusiasmado tanto, y que los que esperaban una obra similar a las entregas clásicas estén decepcionados, pero las expectativas no cumplidas no deberían impediros jugar a uno de esos títulos que hay que probar sí o sí. Irónicamente, ha acabado cumpliendo con su premisa, “una fantasía basada en la realidad“, puesto que pocos juegos reflejan su proceso de desarrollo (para mal en este caso) tan bien como Final Fantasy XV. No, no es perfecto, pero sin serlo a mí me ha conquistado para siempre.

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