10º Aniversario de Octavarium

Los que me conozcáis personalmente probablemente habréis tenido que sufrir alguna de mis historias sobre cómo me hice fan de Dream Theater. Y si estáis leyendo esto, quedad avisados: vais a volver a sufrirlas. Todo empezó en una tarde del verano de 2007; yo por entonces no disponía de conexión a Internet en mi casa, por lo que sólo accedía a la web muy de vez en cuando, cuando visitábamos a unos familiares que sí disponían de la misma. Por entonces tenía pocas preocupaciones y muy poco importantes, o al menos todo lo importantes que podían ser para un chaval de 16 años. Entre ellas estaba esperar con ansia el lanzamiento del próximo Guitar Hero, el tercero aquel año, un juego que, casi por sorpresa, me había robado horas y horas desde que lo compré casi a ciegas en 2005.

Los meses previos al anuncio oficial del juego siempre iban precedidos por una serie de especulaciones sobre las canciones que incluiría el título. La expectación, además, era doble, pues este sería el primer Guitar Hero en incluir las versiones originales de los temas de su cada vez más amplio repertorio. Muchos se montaban listas propias, deseos que a veces colaban como filtraciones, y con una de estas me fui a dar yo. Había una gran variedad de grupos que no conocía, y otros tantos de los que sólo había oído hablar; era joven e inexperto. Así, procedí a abrir el eMule (¡qué tiempos!) y a descargar todo ese contenido. Entre todas esas canciones había una que, durante días, pensé haber descargado mal; una que duraba mucho, más de 8 minutos; una que, con cada escucha, me iba gustando más y más. Era Pull Me Under.

Con el tiempo, la lista oficial de Guitar Hero 3 salió a la luz y Pull Me Under no estaba presente, ni tampoco ninguna canción de Dream Theater, pero a mí ya me había picado la curiosidad. En septiembre del mismo año, me dio por visitar el subforo de música de Meristation, y para mi sorpresa había abiertos varios hilos sobre Dream Theater. Uno de los foreros, que llegó a ser moderador y que con el tiempo se convertiría en el batería de Obsidian Kingdom, desprendía una pasión desbordante en cada uno de sus comentarios sobre la banda, y después de pasar toda una tarde leyendo hilos al respecto, decidí seguir su consejo de iniciación y descargar tres de los discos de la banda neoyorquina: Images and Words (¡el de Pull Me Under! Seguro que aquí termina bien la canción…), Train of Thought y Octavarium.

Para entonces ya me habían puesto Internet en casa, y harto de la incompetencia del eMule me había pasado al Ares (mucho mejor, ¿verdad?). Me fui bajando canción a canción de los tres discos que me habían recomendado indirectamente, hasta que llegue a la última de Octavarium y se me encogió el espíritu. ¿Cómo que 24 minutos? ¿Qué tipo de monstruosidad es esa? Cosas del destino, con todas las canciones puestas a bajar a la vez, Octavarium fue la primera que se descargó, así que no me contuve y le di al play. La cantidad de sensaciones que me produjo esa primera escucha creo que no la he vuelto a experimentar con casi nada, y recuerdo que esa misma noche me pasé casi dos horas poniéndola en bucle. Al día siguiente, en el instituto, ya me la sabía casi entera de memoria. Estaba maravillado, aunque ya había tenido contacto previo con el progresivo, pues mi padre me lo inculcó desde pequeñito; de hecho, el primer recuerdo que tengo de mi vida es a mi padre cogiéndome en brazo mientras sonaba In The Court of The Crimson King de fondo.

La fiebre por Dream Theater en general y por Octavarium en particular fue creciendo en mí, y en un derroche de originalidad le dediqué una entrada en mi perfil de Tuenti (se os había olvidado que existía, ¿eh?). Resumiendo mucho (demasiado), esa entrada dio lugar a que mi actual pareja y yo entablásemos una amena conversación que terminó desembocando en un relación que dura ya casi 7 años. Esa entrada, además, me dio la oportunidad de expresar por primera vez mis sentimientos hacia la música, y encendió en mí una chispa que hasta hoy no se ha apagado. Decidí crear un perfil bajo la identidad de Dream Theater para tener a todos los fans informados del día a día de la banda que se había convertido en mi favorita. Con el tiempo, esa comunidad fue creciendo, hice algunos de los mejores amigos que he tenido en mi vida, creé The Shaman’s Blog y terminé sintiéndome realizado, al menos, en una de las facetas a las que más importancia atribuyo en mi personalidad: la creatividad.

Octavarium significa para mí la apertura a todo un nuevo mundo. Octavarium significa para mí el comienzo de una nueva etapa en la que conocí al amor de mi vida y a algunas de las personas más maravillosas que he tenido el placer de cruzarme. Octavarium es para mí la puerta a la música con mayúsculas, el nexo de unión con todo lo que soy y disfruto hoy en día. Octavarium fue para mí un punto de inflexión, un disco que me marcó musical, lírica y conceptualmente. Octavarium es mi disco favorito, y hoy cumple 10 años. No puedo más que estar agradecido por todo lo que me ha dado y por todo lo que, aún, le queda por dar, porque ha estado en lo malo y en lo bueno y para cada uno de los momentos especiales de mi vida he tenido un reflejo perfecto en sus canciones. Quizás no sea el mejor disco de Dream Theater, pero para mí nunca jamás habrá otro igual. Felicidades.

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Publicado el 7 junio, 2015 en Música y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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