Los cristales de Mellowmede

Perdida en las nieblas del tiempo, la ciudad de Mellowmede se alzó un día como la capital tecnológica de los dominios del Rey Peregrino. El ancestral conocimiento de las antiquísimas piedras rúnicas, legado por el linaje de magos al servicio de la corte, les permitió profundizar en las entrañas de la tierra y extirpar sus más anhelados tesoros. De brillo, belleza y poder incomparables eran los cristales de Mellowmede, y la población de humildes mineros y pescadores pronto se convirtió en una de las civilizaciones más avanzadas del mundo.

Paralelamente al exponencial desarrollo tecnológico, surgió una incipiente avaricia en los espíritus de los habitantes de Mellowmede. La rivalidad era descarnada, y no pasaba un día sin que alguno de los más ilustres inventores de la ciudad se propusiese superar la ocurrencia de sus competidores. Uno de los más difíciles objetivos que se marcó la comunidad científica de Mellowmede fue atrapar con vida a una de las criaturas más exóticas del lago cercano a la ciudad, el Baku, un monstruoso ser acuático parecido a un elefante azul y dorado con espinas que se alimentaba, principalmente, y según decían los naturalistas de la época, de sueños y buenos pensamientos ajenos.

El primer intento de capturar a la criatura con la ayuda de los cristales fracasó, y provocó una tragedia de gran magnitud, hundiendo en las negras profundidades del lago la mitad de la ciudad de Mellowmede; los pocos habitantes que consiguieron salvarse lo perdieron todo. La desigualdad entre las dos nuevas facciones de la ciudad era obvia, y el recelo que los privilegiados guardaban hacia los supervivientes del desastre del lago se hizo cada vez más pronunciado, lo que empezó a levantar suspicacias, dejando a Mellowmede al borde de la guerra civil; una guerra que, por otra parte, habría acabado muy pronto, con todos los supervivientes masacrados bajo el poder de los cristales.

Uno de ellos, cuyo nombre ha quedado borrado de los libros de Historia por orden del mismísimo Rey Peregrino, al ser considerarlo “el más terrible de los herejes que ha pisado la Tierra”, decidió, cargado de orgullo y determinación, recuperar la fortuna que había perdido. Tras semanas de intenso trabajo sin resultado alguno, determinó que su problema era la falta de inspiración, y acudió a buscar su musa a un monte al noreste de Mellowmede. Tras varios días recorriendo la cumbre, alguien (o algo) se puso en contacto con él, una voz que le prometió la más perfecta obra de cristal que jamás hubiese conocido el hombre. El precio, sin embargo, era muy elevado, incluso para alguien tan ambicioso: dos almas humanas.

Tras varias jornadas meditándolo, se decidió a aceptar el pago que le exigía su misteriosa musa. Llegó a Mellowmede al amanecer, y encontró a su primera víctima lavando ropajes al margen del río. Sin pensarlo demasiado, tomó a la mujer por sorpresa y le rajó el cuello con un trozo afilado de vidrio, tal y como le había indicado su musa. El cristal, perfilado por fuego de dragón en las profundidades abisales de la cueva de Mellowmede, brilló imbuido por el alma que acababa de reclamar. Esperó hasta el anochecer para acorralar a su segunda víctima, un joven que observaba el cielo estrellado apoyado en el tronco de un árbol a las afueras de la ciudad. El corte, de nuevo, fue limpio, y segó el alma del muchacho.

Arropado por la oscuridad de la noche, viajó de vuelta a la cima del monte en el que había encontrado su ansiada inspiración. La musa tardó poco en quedar complacida al verle aparecer, y cumplió con su parte del trato, dando forma a una criatura colosal a partir del pedazo de vidrio con el que había cometido ambos asesinatos. Así fue como el Demonio de Vidriera tomó forma corpórea, y antes de que el hereje que le había dado vida pudiera reaccionar, acabó degollado del mismo modo que su mujer e hijo.

El Demonio de Vidriera causó estragos en Mellowmede, y aniquiló a casi toda su población. El Rey Peregrino se vio obligado a desplazar su corte hasta el monte al noreste de Mellowmede para dirigir a todos sus ejércitos contra la criatura, pero los esfuerzos fueron infructuosos. Sin embargo, un brillante joven, bastardo del Rey Peregrino, se percató de que el poder del Demonio de Vidriera procedía de las tres almas que había aprisionado en su corazón de cristal. El Rey convocó entonces a los mejores científicos de Mellowmede con el objetivo de que estos pusieran fin a las profanas actividades del Demonio, bajo la explícita orden de que esta sería la última vez que los habitantes del reino utilizarían la tecnología de los cristales de Mellowmede.

El artefacto que crearon, tras unos interminables meses en los que parecía que las fuerzas del Rey Peregrino no podrían contener más al Demonio de Vidriera, congeló su corazón y selló de ese modo las tres almas que daban vida el resto del cuerpo. Los restos inanimados del Demonio de Vidriera fueron transportados a una colina al sur y quedaron sellados en el altar principal de un templo maldito; el corazón helado fue enterrado en las profundidades del mismo mausoleo, custodiado desde entonces y para siempre por los innumerables soldados que habían dado su vida combatiendo al Demonio de Vidriera y a la avaricia e injusticia de las ennegrecidas almas de los habitantes de Mellowmede, consumidos por el poder de aquellos cristales.

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Publicado el 27 mayo, 2015 en Videojuegos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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